POEMAS DEL AMOR AMBIGUO. 1983.

“Poemas del amor ambiguo”, que publicó la bella y original Colección: Hacia Afuera, Valdepeñas, 1983, en una edición  artesanal y no venal,  limitada de 50 ejemplares para amigos, que fue impresa en la centenaria “Imprenta Casa Campos”, en Valdepeñas.

Dicho libro lo reseñó, Manuel Moreno Díaz, Licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, critico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega “El Cardo de Bronce,” en el número 14 de la  citada revista, que   dedicó al poeta Joaquín Brotóns,  ese número mongráfico, en el que el antes nombrado, M. Moreno Díaz, redactó: “Este es el libro con más claras connotaciones helénicas, uno de los constantes influjos que ha recibido el poeta a lo largo de su trayectoria lírica. También es muy simbólica la cita con que empieza la obra: es uno de los últimos versos del último poema de L. Cernuda de su libro “Desolación de la Quimera”, otra de las geniales influencias que en su obra ha recibido Brotóns, todo ello nos ilumina y nos da las sucesivas claves de su poesía y de su simbología: la adolescencia ardiéndole en la sangre, la noche, la luna que fecunda los deseos, y el tiempo del amor. Joaquín Brotóns poeta del amor, de la ira, del grito y de la espuma”.

Joven atleta.

Es un joven vulgar, muy de la calle,
pero tiene una belleza extraordinaria,
un erotismo excitante.
(He de confesar
que le tengo aprecio).
Y me apena su historia final.
Presiento que no tendrá valor
para aceptar su destino…,
que terminará, como tantos otros,
abrazados a un cuerpo frío,
no deseado,
compartiendo su oscura existencia
con un ser al que no ama,
camuflado en el hipócrita carnaval
de las máscaras sociales.

Belleza sureña.

Durante el día
vende helados y bebidas refrescantes
en un quiosco del paseo marítimo.
Y cuando el sol declina,
cansado,
agotado
extenuado,
vencido por la luz-espejo
de la luna de crines blancas
y labios de color verde pistacho…,
prostituye su joven
y hermoso cuerpo de Antínoo
a la puerta de una conocida y
elegante discoteca.

Sus ojos son negros,
de un extraño color negro azabache.

El cabello moreno,
ligeramente rizado,
ondulado por el sol,
las olas y el viento del sur.

Y la piel tersa, oscura,
africana,
cálida y ardiente
como la arena de la playa
que cada día pisan sus pies de
Hermes descalzo,
sus maravillosos pies de silfo.

Joquín Brotóns en su ciudad natal.

A Luis Antonio de Villena.

Son las horas
dudosas, inciertas
y frías de la madrugada.

Duerme la ciudad-isla.
Los últimos bares
han cerrado sus puertas.

Y triste y destruido,
derrotado,
solo,
borracho,
caminas pesadamente,
torpemente
por las largas y silenciosas
calles de la ciudad amada,
por plazas,
parques
y callejuelas
perfumadas de vino-mosto…,
que han sido testigos
de tus primeros escarceos sexuales
de adolescente desenfadado.

Es la misma ciudad-cuna,
el mismo ambiente
entrañable y frívolo,
pero ya
no son los años bellos,
jocosos,
alegres,
soñadores
y fraternales de la juventud.

Es una noche más
perdida entre las sombras
y la angustia de la ansiedad.

Una noche más
en la que no ha aparecido
el arcángel de alas rosáceas.

Una noche más
en la que el dorado vino
te ha embriagado de recuerdos.

EL ESPEJO DE LA BELLEZA. 1982.

 

“El espejo de la belleza”, libro que publicó el Ayuntamiento de Valdepeñas, en su colección de Poesía: Juan Alcaide, en una edición de 500 ejemplares numerados del 1 al 500; poemario , que presentó en Madrid, en la Casa de Castilla-La Mancha, el reputado escritor Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica), que terminó su brillante intervención, diciendo las siguientes palabras: “…Joaquín Brotóns es verdaderamente un poeta, cosa frecuente de nombre y rarísima en la realidad”.

El 26 de marzo , dicho libro fue presentado en la Casa de Cultura de Valdepeñas, acto que corrió a cargo de Luis de Cañigral Cortés, catedrático y profesor titular de Filología Clásica de la Universidad de Castilla- La Mancha, en Ciudad Real, y latinista, helenista y traductor al castellano (y a veces  al Latín) de poetas griegos como: Cavafis, Ritsos, Elytis y Seferis, entre otros. El citado profesor Cañigral, que fue uno de los primeros estudiosos de Brotóns,   “…comparó la poesía de J. Brotóns con la de Cavafis”, en su brillante presentación.

El conocido y reputado poeta Luis García Montero (Premio  Nacional de Literatura y Premio de la Crítica), escribió: “…El espejo de la belleza me parece un libro serio, lleno de poesía; un ejemplo de que no hay que ser grandilocuente para hablar de la belleza. Lo importante es hablar del deseo, y su libro averigua en qué parte de la ciudad moderna está el actual deseo de la vida…”

Y Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega El Cardo de Bronce, en el número monográfico 14 de dicha revista, que dedicó a Joaquín Brotóns, en la que colaboraron más de 60 autores,  entre poetas, escritores, periodistas, filólogos, catedráticos y profesores de Universidad o de Instituto, entre otros, aunque cabe destacar los textos de los afamados poetas: Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana), Luis García Montero (Premio Nacional de Literatura y Premio de la Crítica), Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura), Vicente Núñez  y Luis Antonio de Villena (Premios de la Crítica).

Aquí, se transcribe la reseña al  libro “El espejo de la belleza”,  que redactó el citado Manuel Moreno Díaz, en la  ya nombrada revista literaria “El Cardo de Bronce.” “También debemos encuadrar ya esta y toda su obra posterior al nuevo acento cavafiano, de claras resonancias helenísticas. Su poesía se ve traspasada de más colorido esteticista, si bien observamos, comparándola con sus primeras obras, una cierta facilidad compositiva, si bien casi siempre resurgen los antiguos ecos, eso sí, de forma más tenue. La belleza tal vez sea el desesperado refugio, la única razón de vivir para quien tanto amó”

 El escritor y crítico José López Martínez, escribió en la conocida y prestigiada revista literaria: “Nueva Estafeta” “…Recordaba Luis Antonio de Villena el día de la presentación de este libro en Madrid, que Joaquín Brotóns es verdaderamente un poeta, cosa frecuente de nombre y rarísima en la realidad. Es un modo muy certero de calificar al autor de “El espejo de la belleza”, título eminentemente clásico, como también señalaría el mencionado poeta y crítico, un título que nos anuncia algo tan armónico como la belleza misma, la cual se convierte en protagonista del poemario. Porque no hay otro norte en la andadura del poeta, sino la búsqueda de la belleza. Lo que sucede -y ahí radica el profundo drama del autor- es que Brotóns no busca la belleza en tópicos o utopías, en mundos artificiales, sino en la propia vida por la que transita a diario, en la armonía de los cuerpos, en la chispa incendiaria del amor, fenómeno que sitúa por encima de cualquier esquematización o prejuicio.

Asimismo, el escritor y crítico Raúl Carbonell Sala, en la revista: “Almud”, redactó. …Joaquín Brotóns es quizás el más joven de los poetas manchegos, y también el más inesperado, contradictorio. Con la aparición de su primer libro suscitó escandalosos comentarios y posturas encontradas. Es un poeta que va decantado su trayectoria y que desde el primer título que era “Poemas para los muertos” se divisa su dirección hacia teorías estéticas neorománticas. Claramente definido en el último de sus libros publicados bajo el título de “El espejo de la belleza”.

Igualmente, el crítico del diario: “El País”, Mariano Aguirre,  comentó en dicho rotativo. “…Quinto libro de poemas de este joven autor valdepeñero empeñado una vez más en resucitar a Constantino Cavafis en cada una de las letras y de las pausas de sus versos. Más romántico, más desengañado, y más desamparado que nunca, Brotóns encabeza su obra con estos versos de Pier Paolo Pasolini: !Ah, mis pasiones reincidentes, obligadas a no tener residencia!

Personaje incógnito.

Pasa modelos
y posa para pintores y fotógrafos.

Conoce bien
la tenue luz
de las suntuosas alcobas
y el olor a fresas
de las lujosas camas
donde su deseo y el placer se citan.

Sus labios de sándalo y membrillo,
de pomelo, nata,
miel, limón, piña,
duermen
en la lechosa y dorada arena de las playas,
entre eucaliptos,
jazmines,
adelfas,
jacintos,
narcisos,
tulipanes y magnolios.

Es un personaje incógnito de la noche,
un Apolo-alado,
una escultura en oro
posada sobre su esplendorosa cuadriga
de platino y alabastro,
cortejada por un coro de Arcángeles y hadas,
de faunos y ninfas.

El dios de las estrellas.

Conoce su hermosura
y se jacta de ella ostentosamente.
Un cuerpo de coral y perlas,
de esmeraldas y rubíes,
divino,
flexible,
majestuoso,
mundano…,
ungido con incienso y champagne,
concebido
con sofisticados diamantes negros
y piedras de sol y de luna.
Un ápice de coquetería
asoma a su forma de ser y de vestir.
Es una belleza digna
de ser ofrecida a los dioses,
sacrificada en el altar de mármol rosa
del planeta Venus.

Impecable belleza del ayer.

Serían las dos de la madrugada
cuando abandonamos el equívoco cafetín.

El calor era pegajoso,
casi insoportable.

Y el sudor se ceñía a nuestras ropas.

Tomamos un taxi
y nos perdimos en un hotelucho
de los suburbios.

Dos horas más tarde
dejábamos el desconocido lecho.

Después,
ya no le he vuelto a ver.

Me han comentado
que sigue visitando los burdeles,
y que su impecable torso
ya no es el mismo;
está manchado por el tiempo.

Amor en la playa.

Al filo de la medianoche
nos encontramos en el barrio del puerto,
en la taberna de los marineros.

Septiembre
invitaba a respirar la brisa nocturna,
con sabor a sal
y rumor de caracolas lejanas.

Y en la playa un grupo de jóvenes
se bañaban desnudos.

Subimos al apartamento.
(Su cuerpo era bellísimo).

Nos abrazamos en la penumbra.
Una lágrima rodó por su mejilla y
humedeció mi rostro.
Era tanta la emoción contenida,
tanto el deseo insatisfecho.

Autorretrato.

Sales a la calle. Necesitas vivir,
gozar, soñar, respirar.

Y entras en algún disco-bar o pub
o en las viejas tascas.

Allí, a solas con tu vida,
con tus recuerdos…,
apoyado en la barra,
entre el humo de los cigarrillos,
el murmullo de la gente,
la música del tocadiscos y
las botellas y copas
que contienen los bellos licores,
contemplas la belleza exótica,
encantadora,
deliciosa,
cálida,
mágica,
griega,
fascinante,
embrujada por un halo de misterio.

Allí, en ese submundo
irreal y fantástico
adoras
y
admiras
los jóvenes cuerpos atléticos
que pasan o se detienen a tu lado.

Hasta que, avanzada la noche,
con excesivo alcohol en la sangre,
y los nervios destrozados
(roto y sin amor),
aceptas irte a dormir a casa
o pasear tu soledad
hasta el amenecer
por las conocidas calles
de la ciudad desértica.

LA SOLEDAD DE LA LUNA. 1980.

“La soledad de la luna”, libro publicado por la colección: Libros “DU0″/Poesía/10, Madrid, 1980, cuya foto de portada es de el fotógrafo Carlos Tarancón, poemario que fue presentado por el escritor Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura),  en Madrid, en la Librería Futuro, el 6 de febrero de 1981. Tiempo después, fue presentado por José Hierro (Premio Cervantes), en la Casa de Cultura de Valdepeñas, el 6 de marzo de 1981, en la que el citado Premio Cervantes,  dijo: “…Es una poesía de testimonio interior, y una poesía de signo romántico. Es romántica porque es una poesía del desengaño, es una poesía de desencanto. Yo no he visto persona más huidiza que Joaquín Brotóns en su poesía. No he visto un ser más tierno, más sentimental, más desamparado que J. Brotóns en su poesía. Es un poeta romántico de hoy, naturalmente, y nadie crea que esto tiene unas significaciones esproncerianas o becquerianas , ni mucho menos, un poeta romántico en el sentido de que cree en su propio “Yo”, de que ve la realidad como algo adverso, de que cree en el destino…”. El texto completo lo pueden leer en “Opiniones y Criticas”.

Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria  castellano-manchega”El Cardo de Bronce”, reseñó el libro “La Soledad de la luna”, en el nº 14 de dicha revista, número monográfico dedicado al poeta Joaquín Brotóns, en el que redactó :”Es en su cuarto libro, “La soledad de la luna”, cuando podemos hablar de cierto cambio, renovación en su lírica. En “la soledad de la luna” son más patentes las frases cavafianas; los símbolos nos son ya familiares, pero aquí aparecen enriquecidos por la luz del recuerdo y de la entrega en el silencio. Si bien el recuerdo también es la impotencia del deseo, con la madurez se va tiñendo de melancolía y de serenidad. No cabe duda que las lágrimas de nuestro poeta han acabado fecundando el crepúsculo”.

Francisco García Pavón, escritor y prestigioso novelista (Premio Nadal), escribió de forma manuscrita -y con su característica tinta de color verde-  al dorso de su tarjeta de visita-no tiene fecha-:”Muchas gracias por tu “Soledad”, tal vez, la mayor de tus soledades por cierto patetismo y su enorme sensibilidad de gran poeta. Enhorabuena. Y un abrazo, Paco.”

Fragmentos del recuerdo.

Hace varios meses
volví a la vieja pensión de la ciudad
donde hicimos el amor,
al mismo número de habitación.

Todo permanecía igual.

La vieja cama de madera, la mesita de noche
con el cristal roto en un pico,
la lámpara (sin luz)…, como aquella noche fría,
el destartalado armario y su espejo picado,
sucio y enmohecido por el paso de los años.

Aquel espejo
donde contemplé por primera vez
tu joven belleza.

Intenté leer, dormir.
Pero los recuerdos se agolpaban en mi soledad.

Apenas pude conciliar el sueño. Decidí abandonar
aquel cuarto de paredes pintadas de amarillo
y cortinas rojas.

Al salir escribí tu nombre
sobre el vaho del espejo del lavabo.

Qué distinto era todo sin tí,
sin tu agradable compañía desinteresada,
natural,
espontánea.

Aquella noche.

Aquella noche,
decidimos romper en mil trozos
nuestro idilio,
nuestro pasado de sueños,
realidades y esperanzas,
partir con las manos
el viejo espejo de rostros y sombras mudas…
donde tantas veces nos contemplamos,
sin máscaras de papel pintado,
frente a frente.

Bajamos las escaleras,
en el último peldaño nos detuvimos un instante,
allí nos despedimos,
el deseo,
la emoción de aquel interminable adiós
nos puso tristes.

Hacía frío, mucho frío,
creo que los amantes tiritaban en sus lechos,
temblaban como niños asustados,
como criaturas poseídas por el miedo.
Hacía frío, mucho frío. ¿Recuerdas?

Ha pasado demasiado tiempo.

Ha pasado demasiado tiempo.
Pero el recuerdo se mantiene vivo,
fresco como aquel día,
como aquella tarde del mes de agosto.

Era verano…,
la cal ardía en las calles del pueblo,
el sol
caía sin piedad
sobre nuestros jóvenes cuerpos.

Nos amamos sobre el viejo diván rojo,
sobre los almohadones del sofá de nuestra juventud.

Teníamos diecisiete años. Creo que éramos
demasiado jóvenes para un amor sincero.

AMOR, DESEO Y DESENCANTO. 1979

” Amor, deseo y desencanto”, publicado por Carlos Carballo, editor, en Ediciones: Participación, Madrid, 1979, con ilustración de portada del pintor Oscar Banedí,  libro que  presentó en Madrid, en la Librería Futuro, el escritor Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura), que  dijo: “… Claro que la impudicia de nuestro poeta viene velada por su devoción a la belleza que, si entendida a su aire, con los vaivenes propios de su zarandeando sentir, no deja de servirle de freno, y eso gana su poesía, que incita reiteradamente al amor a los hermosos cuerpos adolescentes, que se alza en plenitud hedonística , pero que, en determinado instante , se detiene a proclamar su condición de hombre con los demás, de poeta entero.

La erótica de Brotóns -y nombro la palabra por primera vez- se arropa en una sencillez, en una expresión directa nunca descarnada, o en un jugoso metamorfismo subyugante…”. Dicho texto, lo publicó ampliado su autor, en la revista “Nueva Estafeta”, Madrid, en el nº 38, Enero de 1982.

También escribió, en la revista literaria  de Ciudad Real:”Manxa”, en el nº 12, febrero  de 1980,  Pascual Antonio Beño Galiana, licenciado en Filología y Letras, en la especialidad de Filología Hispánica, poeta, dramaturgo, narrador, ensayista, periodista y crítico literario, que redactó: “…Salvando las distancias, podría decir de Brotóns lo que Federico García Lorca dijera de la obra de Cernuda, allá por 1936: “Me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra”. Porque el poemario de Brotóns irrumpe con fuerza, abandona campos trillados, lugares comunes, corsés, hasta introducirnos en una poesía personalmente lírica y en algunos aspectos -como debe ser-, comprometida y comprometedora. Todo es pertinente en la lírica de Brotóns y, al mismo tiempo, inserto en la autenticidad. Por eso nos llegan tan claras y conmovedoras sus vibraciones…”

Y Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega” El Cardo de Bronce”, reseñó “Amor, deseo y desencanto”, en el nº 14 de dicha revista, en la que redactó:  “El título de su tercer libro también nos remite a la lírica cernudiana, de la que nuestro autor, creemos, es heredero. Una rica simbología ilumina esta obra, simbología de claros acentos neorrománticos; la luna y el amor, una vez más son símbolos de abismo insalvable entre el deseo y la realidad, el desencanto. Antójasenos  este libro como un himno al olvido, a la soledad del que mucho amó, a la entrega emocionada. También aparece aquí, como en sus entregas anteriores, su particular bestiario, reflejo siempre de una sociedad hipócrita, superficial, (“La gloria del poeta”, de L. Cernuda).”

Asimismo, Francisco Mena Cantero,  licenciado en Filología y Letras, poeta, narrador, ensayista y colaborador asiduo del diario:”ABC”, en su edición de Sevilla. También es colaborador y exigente crítico literario del diario de Ciudad Real: Lanza, en el que escribió, en la edición del 24/11/79, la siguiente reseña al libro: “Amor, deseo y desencanto”, de Joaquín Brotóns. “…Va en busca de la almendra conceptual. El contenido le arrastra apresuradamente por el sendero del verso y, éso sí, dice lo que quiere claramente, sin embajes, sin trabas y ésto, ciertamente, es una virtud que destacamos en el poeta.

Este volumen es, pues un libro interesante, de voz recia y existencial. Tercero dentro de la obra de Brotóns, que mantiene una notable altura lírica entre los poetas de su generación”.

Igualmente, Luis de Cañigral Cortés, Catedrático y profesor titular de Filología Clásica de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Ciudad Real. Además es poeta latinista, helenista y traductor, que ha traducido al Castellano (y a veces al  Latín ) a los poetas: Cavafis,  Ritsos, Elytis, Seferis, entre otros, escribió, en su estudio sobre “Amor, deseo y desencanto”, publicado en el nº 2 de la “Revista de Estudios de La Mancha: Almud”, Ciudad Real, 1980, la siguiente reseña: “…La inquisición en el tema de sus vivencias -sus poemas son, pienso, retazos de la vida, en sus poemas-amores deja jirones de su corazón y destila versos de amargura -da como resultado los poemas que nos poetizan la vida. No es Brotóns cantor teótico, paradigmático de sentimientos. Es poeta de vida vivida…”

La crítica literaria María Dolores Escudero, en el nº 0 la revista “Onzevaras”, de Madrid, 1986, reseñó: “Amor, deseo  y desencanto”, en la que redactó: “…Me parece Brotóns un hombre  ante todo sensible; quiero decir  que me parece una de esas personas, para las cuales nada de lo que sucede a su alrededor pasa inadvertido. Y así debe ser en poesía.
Sus versos son fáciles, y parece claro que quiere mostrarse tal como es, sin más metáforas ni simbolismos. Nada que encubrir, y casi , nada que adornar…”

Poema abstracto del pasado…
sin rostro.

Permanecimos abrazados en el lecho,
envueltos en el manto verde de una bella noche de verano.

Nos amamos emocionadamente…,
placenteramente gozamos el amor de nuestros cuerpos puros,
juveniles.
Sus ojos brillaban en la claridad de la noche.
Aún recuerdo el olor penetrante de su cuerpo desnudo,
de su piel rosada…,
el calor de sus labios sobre mi boca.

La playa solitaria, abandonada.

La playa solitaria,
abandonada por las lenguas finas y doradas de las olas.

Tú y yo, solos en la noche,
solos en la penumbra del amor,
en la oscuridad tenebrosa del deseo,
abrazados a un cuerpo mineral y transparente,
acariciándonos sobre el dulce lecho de la arena caliente,
resguardándonos,
ocultándonos…,
escondiento nuestras bocas deseosas a los labios
acechantes -ojos de la luna-
y a la blanca y reluciente dentadura de la noche.

Tú y yo, contemplando el mar y su grandiosidad
de misterioso poder,
admirando su fogosidad amorosa de joven adolescente,
de caballo desbocado y salvaje.

Tú y yo, amantes del deseo más gozoso,
amantes de las estrellas del Universo,
de la pálida luna de cuerpo triste y miembros de sombra y frío.

Tú y yo, solos…,
solos en la vida,
en la muerte, en la eternidad…,
levantando sobra la raza humana,
sobre los cimientos del amor,
estatuas de sal, plomo y fuego incasdencente,

Clavando en la cima de la roca,
en la blanca montaña del amor…
la bandera de la libertad.

LAS MASCARAS DEL DESAMOR. 1978

“Las máscaras del desamor”, libro que editó: Casa Campos, Valdepeñas, 1978, cuyos dibujos, que ilustran el poemario son del pintor Vicente Nello, y el texto de las solapas-aunque no tiene firma- es del  excelente escritor valenciano Raúl Carbonell Sala, que por aquellos años vivía en Valdepeñas. El autor de el  prólogo de dicho libro, es el gran poeta gallego, Celso Emilio Ferreiro, que, en su introducción, titulada: “Unas pocas palabras previas”, escribió: “…Joaquín Brotóns Peñasco, joven poeta que, pese a su juventud, supo aprender o mejor, aprehender, asiéndolo por las partes más humanas, es decir, menos puras, el impúdico secreto del amor que todos llevamos dentro en el laberinto de la sangre, pero que solamente unos pocos han sabido descifrar…al llegar a viejos. Porque Brotóns sabe, sin que lo hubiera estudiado en los libros, que, por encima de todo, la poesía es una manera de compadecer (padecer con los demás, y con uno mismo, los designios del hombre como tal hombre y no del hombre como tal yo). Brotóns ha inventado (que es tanto como decir que ha descubierto en su propia carne), el misterio de la carne hecha verbo, y no al revés, como los poetas puros y teologales prefieren. Y con su carne transubstanciada en verbo fustiga el tiempo, el suyo y el de los otros, en un intento de cambiar la realidad  de todos, para que la realidad , para que la realidad no sea una injuria premeditada. Y al decir realidad, que conste, le pongo unas comillas mentales a la palabra, para que -como pedía Nobokoy- quería decir algo. Como yo no soy un poeta”poetimensor”, no voy a medir aquí -Dios me libre de tamaña erudición – la estatura lírica de Brotóns. Entiendo que ya está más que medida en las hermosas páginas de su libro y que, en definitiva, es el lector quien debe mensurarla según su leal saber y entender. Para terminar quisiera decir que, en efecto, el hombre no es nada comparado con el infinito; pero ha sabido descubrir el infinito. Así los poetas auténticos-Joaquín Brotóns entre ellos- quizás sean muy poco al lado de la grandiosidad poética, pero han sabido descubrirla  y contarnos su extraordinaria aventura”.

El ilustre Francisco Nieva, dramaturgo, escenógrafo, director de escena, narrador, ensayista y dibujante (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Académico de la “Real Academia Española”), que presentó en Madrid, en la Casa de La Mancha, el 16-2-79, dicho libro, dijo: “…Joaquín Brotóns, el autor de las Máscaras del desamor,  es un poeta audaz y comprometido con sus propias ideas, el cual, se ha despegado del tradicionalismo poético, para alumbrar nuevas parcelas de la creatividad lírica. Joaquín Brotóns es uno de los valores más interesantes de la joven literatura manchega actual…”

También  la crítica, Concha García Valbuena, en el nº 7 (julio) de la revista literaria:”Colección de autores Nuevos”, de Madrid, 1977, redactó: “…Edición muy cuidada con ilustraciones de V. Nello. Este segundo libro editado de Joaquín Brotóns que va prologado por Celso Emilio Ferreiro, es una perspectiva de los sentimientos amorosos pasados por la tinta de este joven castellano. Por la tinta, con suavidad.

Leemos amor desamor, que si implican tristeza, nostalgia y sueño, aquí aparecen con dinámica de una idea central que es la sensualidad envolviendo cada imagen; y es que aquí, la palabra además de ser sueño, es también, carne…”

Asimismo, el profesor universitario Luis de Cañigral, en la presentación del libro en la Casa de Cultura de Valdepeñas, dijo: “…La poesía de Brotóns es espontánea, nada decadente, vigorosa, más que voz es grito. Expresa, en una palabra un sentimiento, más que un lirismo dulzón.

Dentro de la unidad temática: amor, desamor, muerte, cuyo canto, ha hecho en sus dos primeras obras, Brotóns busca la rotundidad, con cierta reminiscencia de Cernuda, pero con una personalidad, característica que, indudablemente le categoriza como uno de los poetas jóvenes, libre de toda atadura, más completo…”

(Diario de Ciudad Real, “Lanza”, 20/1/1979).

Y Manuel  Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega “El Cardo de Bronce”, en el nº 14  de dicha revista, número monográfico dedicado al poeta Joaquín Brotóns, escribió la siguiente reseña: “En esta, su segunda entrega, Joaquín Brotóns profundiza en sus propios recuerdos, en los estratos de su sangre, en el hermoso, pero oscuro reino del amor. Es una continuación conceptual y lírica de su primera obra, es un sumergirse en los abismos del deseo, condenado a la nada. El amor es un amanecer a la desnudez, a la soledad. En este libro abunda ya lo que podríamos llamar su metapoesía, su plena conciencia creativa y dolorosa, tal vez sus versos más rotundos”.

Francisco Nieva, dramaturgo, escritor y catedrático en la Real Escuela de Arte Dramático y Danza de Madrid, en carta manuscrita- fechada el 5-12-1978- a Joaquín Brotóns, redactó: ” Recibe mi más cordial felicitación por tu libro: “Las máscaras del desamor” y también mis mejores deseos para estas navidades. Nos veremos en enero, como convenido, Abrazos de Francisco Nieva”.

Francisco García Pavón (Premio Nadal), reputado novelista, en carta manuscrita -fechada el 13-XI-1978- escribió a Joaquín Brotóns: “Muchísimas gracias por “Las máscaras del Desamor”, que he leído de un tirón y con el gozo de ver que en La Mancha tenemos otro gran poeta. Mis más sincera felicitación…”

Himno a la melancolía.

A Raúl Carbonell

Poeta, levanta tus brazos suplicantes,
tus manos sagradas, tu cara triste
de viejo muñeco de trapo que llora arrinconado en el desván,
en la sucia galería de la casa donde amorosamente duermen los juguetes,
los amarillentos retratos de la infancia,
en el baúl cubierto por la alfombra de polvo, donde escondes tímidamente el caballo de cartón,
la espada de madera rota por el tiempo,
donde el lacre del recuerdo precinta tus primeros poemas.

Poeta, levanta tus ojos y mira al cielo destrozado,
mira el sol, las estrellas, las noches de luna llena,
mira la nube negra, oscura, amenazadora, llena de malos presagios que
se descuelga como el péndulo de un viejo reloj de pared sobre la tierra;
mira el hombre,
fija tu mirada profunda en él,
en tu hermano,
en el compañero que a diario es despedazado por los chacales…;
mira el niño, el afebo alimentándose de los despojos de la humanidad,
de la fruta podrida que da su propia sangre,
de la manzana carcomida por el gusano.

Poeta, baja de tu pedestal de dios, de tu púlpito, de tu escaparate;
no sirvas más de maniquí, de fría figura de mármol y piedra mitológica:
abandona la gloria del verso, la espada sin filo, lo rosa sin aroma, la flor
de lis, el canto en solitario que a nadie llega.
Deja todo ese montón de cosas frías y ven a vivir con el hombre,
a formar una gran familia de gargantas
a entonar abrazos un victorioso himno a la melancolía,
a la propia tristeza de la vida que suda leche amarga y agria.

Poeta, apresa la paloma en pleno vuelo,
la palabra en su nido de seda,
la pureza en su plenitud,
el laurel en su árbol,
el amor.
Apresa el amor que mece tiernamente, dulcemente, nuestro idilio de aves libres,
que no se escape, poeta, entre tus dedos delicados el amor,
que no sea pasto de los descorazonados;
apresa todo lo hermoso y floreciente, lo auténtico
lo que nace y muere junto a los pies de
cada hombre.

Poeta, baja de las tinieblas grises que separan tu estancia, y cruza el
foso de caimanes que maltratan y atemorizan a tu hermano;
abandona tu carroza de flores serpenteantes,
tus bellos y ligeros corceles voladores,
tus viriles potros pura sangre…,
abandona todo lo que te une a la sociedad máscara, lo que te ata a la cadena,
el eslabón que cierra el collar,
el cerrojo que chilla detrás de la prisión oscura y negra y ven a vivir
con el hombre,
a cantar a la libertad del hombre.
Tienes que poner tu honrada voz a hervir en el caldero de la justicia;
tu desmesurado corazón,
tu alma de gigante, de monstruo amoroso, tienes que ponerlo al servicio de tu hermano el hombre,
ofrecérselo en el altar de los sacrificios,
en el gran coro de voces sordas, de voces que nadie escucha, nadie.
Nadie escucha la voz del poeta puro que se filtra entre las ventanas,
por los cristales rotos del infierno,
por las calumniadas puertas de la verdad.
Tienes que levantar tus manos, tus brazos, tu cara triste de viejo muñeco de trapo y mirar al cielo destrozado…,
implorar, suplicar, gritar con ese gran coro de ecos suplicantes,
con esta gran familia de gargantas, el himno a la melancolía,
la canción de la tristeza,
el poema rabioso y desesperado,
para que nuestras voces revienten sus oidos sordos e insensibles,
para que nuestros gritos y estruendos golpeen la noche, las montañas, las constelaciones;
para que nuestros aullidos desparramados por el Universo hagan
salar sus tímpanos de bestias;
para que sientan en su propia carne…,
en su propio corazón el dolor y la miseria de su hermano el hombre…

POEMAS PARA LOS MUERTOS. 1977

“Poemas para los muertos,” publicado por: Castellana, Artes Gráficas,  La Solana (Ciudad Real), 1977, cuyos dibujos, que ilustran los poemas y el retrato de contraportada del autor del libro,  son de el pintor Miguel Mejía Ramos, edición que lleva un prólogo del poeta  valdepeñero, Antonio Ruiz López de Lerma, y el texto de las solapas de dicho libro es del escritor valenciano, Raúl Carbonell Sala, que, por aquella época, vivía en Valdepeñas, donde escribió una gran parte de su amplia y excelente obra: Poesía, novela, teatro…; obra, que, con el paso de los años, ha tenido el gran reconocimiento que tanto merecía, dado que, actualmente, es considerado uno de los mejores escritores  vivos valencianos, que con su novela:”El siglo de los artistas”, fue galardonado con el prestigioso “Premio Valencia de Novela”. Además, en su pueblo natal: Cárcer (Valencia), el Ayuntamiento ha tenido el fino y delicado detalle de poner su nombre a la nueva Casa de Cultura.   

De “Poemas para los muertos”, escribió el escritor, poeta, periodista y crítico literario,  José López Martínez, en “La estafeta literaria”, Madrid, en el nº 631, marzo  de 1978,  una reseña crítica, en la que redactaba: “…Poemas para los muertos es un libro árido, esquinado, agrio, no apto para paladares apacibles. Pero libro de soterradas corrientes de agua viva, amorosa, saltarina. Poemario que irrumple con fuerza en medio de la poesía bien construida y amanerada que hoy se está escribiendo en la Mancha, donde todavía los poetas mantienen abscisas muy próximas a lo estereotipado. La Mancha y la vida que siente Joaquín Brotóns Peñasco está preñada del dolor  y la agonía de esta hora, por  su latente desamor, por el desconcierto que a todos nos abruma…”.

También el poeta, narrador, ensayista  y crítico literario,  Nicolás del Hierro, escribió, en el diario de Ciudad Real: Lanza, el 2/5/78 “…Joaquín Brotóns es un poeta de realidades, pero de realidades dolientes. Y las canta, las hace cimiento de su obra, raíz, para elevar sobre el edificio o el árbol de su humana arquitectura, donde, mirando hacia el futuro, puede habitar distintamente  a como lo hace ahora, el hombre y el pájaro. Es decir, le duele la realidad, la realidad pasada y presente, porque descubre en ella un elevadísimo tanto por ciento de desamor -desamor enmascarado, muchas veces-, que muerde la sensibilidad del ente-poeta, y busca la metamorfosis  a través de su poesía…”

Y Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología clásica por la Universidad de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega El Cardo de Bronce, escribió en el nº 14, que dicha revista dedicó  exclusivamente a Joquín Brotóns, la siguiente reseña, en su estudio sobre la poesía del poeta valdepeñero,  titulado: “Siete libros alineados en nuestro vasar, de Joaquín Brotóns”. “…Poemas para los muertos es un oscuro despertar: al amor, al dolor; un diálogo con los muertos, con las sombras, que lentamente fueron habitando el cuerpo de los hombres, con el abismo insondable de su propio corazón, encharcado de silencio. Aparece en su primer libro lo que creo es uno de los ejes fundamentales que vertebra su obra poética, de claras connotaciones cernudianas: el pulso terrible, el forcejeo entre la realidad y el deseo, oscuro y vivificador. “Poemas para los muertos” tal vez sea sólo un grito coagulado en su corazón, pero un grito que estalla y que nos convoca a las raíces.”

EL PRIMER BESO
Aquel primer beso,
que se perdió,
donde nadie sabe…,
que no alcanzó su plenitud de placer…

Aquel primer beso!
Todavía lo recuerdo
lleno de auténtico pánico,
de las ansias más inaguantables.

Aquel beso fue el culpable
de la más absurda mentira…