POESÍA ESCOGIDA. 2002.

Este tomo, publicado por la prestigiosa editorial: El Toro de Barro, Cuenca, 2002,   exquisitamente prologado por Amador Palacios, licenciado en Filología Española, poeta, ensayista, traductor,  conferenciante, crítico literario del diario:”ABC”, en la edición de Castilla-La Mancha y  estudioso de la poesía española y buen conocedor de la obra “brotonsiana”, autor de la selección de poemas y del estudio introductorio, que antologa los poemarios publicados de J. Brotóns e incluye 3 poemas inéditos.

Escribe Palacios, en su preámbulo a “Poesía Escogida”: “Las líneas temáticas de la poesía brotonsiana están indicadas explícitamente en los propios títulos de sus libros, que incluyen vocablos, guías de esta situación temática, como máscaras, desamor, amor, deseo, soledad, belleza, reencuentro; haz temático conducido en unos cuantos símbolos muy constantes, entre los que se cuenta el espejo, la luna y el caballo, con respeto a este último, Pedro Antonio González Moreno declaraba que en la poética de Brotóns “el caballo se convierte en símbolo de la sexualidad masculina, en imagen de la virilidad febril, de la pura energía sexual apasionada y dominante”, imagen que “puede teñirse a veces de irracionalismo o puede metaforizarse con una finalidad meramente estética, pero habrá siempre en él una alusión más o menos recóndita al sexo…”

Carlos Morales, poeta, crítico literario y editor, escribió para la contraportada de:”Poesía Escogida”: “La marginación, las tabernas y la poesía homoerótica al fondo -circunstancias de las que dan fe libros tan característicos como Poemas para los muertos (1977), Poemas del amor ambiguo (1983) o Rosas Negras (1998)- han convertido la poesía de Joaquín Brotóns, nacido en Valdepeñas en 1952, en una de las más singulares de la literatura manchega contemporánea .

La presente selección, preparada y comentada por el poeta Amador Palacios , recoge los poemas más significativos de una obra que se alza “en plenitud hedonista” (Carlos Murciano) como un “inconfundible estallido de la verdad” (Vicente Núñez), propio de “un poeta audaz y comprometido con sus propias ideas” (Francisco Nieva) y de una voz, en fin, que “ha tenido el valor de desnudarse” (Matías Barchino) como sólo puede hacerlo la de un poeta “raro” y “verdadero” (Luis Antonio de Villena).

 

Vuelve amor, amor mío.

Vuelve amor, amor mío,
regresa a la raíz, a los lares o pagos
de la infancia dorada,
a la luz cegadora de la tierra materna,
al silencio sensual y cálido
de las viejas bodegas centenarias
de nuestra ciudad, en las que tantas veces nos amamos.

Vuelve amor, amor mío, regresa.
Aún nos queda tiempo para el amor.
Vuelve. Y no te preocupen los comentarios
de lugareños maliciosos,
los insultos de la gente baja.

Vuelve amor, amor mío, regresa.
Aún queda tiempo para el amor.

Ganímedes.

Para Joaquín Morales Molero.

Trabaja en una discoteca de una pequeña ciudad de provincias.
Y es amable, cariñoso, cordial, tierno.
Sus cabellos son morenos, sedosos, finos, como lluvia de cava
que se despeñara por una catarata de pétalos de rosas.
Y los ojos de un dulce color miel,
llenos de alegría, de luz, de embrujo y misterio.
Los labios sensuales, vivos, apasionados, ardientes,
con deseos y esperanzas de nuevas aventuras…
Y la piel muy cálida, casi abrasadora, volcánica,
perfumada con aromas del mediterráneo.

Muchacho, joven amigo,
espero que no te hundas en la mediocridad,
en su río dorado de espumas putrefactas.
Tú has nacido para alcanzar la luna y el sol con las manos,
para bañarte desnudo, coronado de laurel y mirto,
para volar sobre encrespadas olas escarlata, beodas de hermosura
marinera y viril, dotadas de torsos alados, esculpidos
en piedra, mármol, bronce, oro, plata.

Joven copero, hermoso mancebo,
tú has nacido para ser dibujado, inmortalizado por las
manos sagradas de un verdadero artista y amante de la belleza
griega, efébica, como Joaquín Morales, que te coronorá con
dionisíacos racimos de placer.

Noche negra.

Para Amador Palacios y Carlos Morales

Una vez más el amor ha huido en un potro salvaje,
en un caballo blanco y negro de crines plateadas,
desbocado por el ciclón del deseo,
por la locura y el fuego abrasador e incandescente
de una pasión oscura, turbia, proscrita,
prohibida por la sociedad moralista.

Una vez más has sufrido la humillación y el fracaso
de un desengaño amoroso, la sucia y enmohecida navaja del
desamor ha herido mortalmente tu viejo corazón.

Una vez más has vuelto a hundirte en el pozo negro de la
depresión, en la ciénaga de la angustia, en el profundo
féretro de la desesperación…,
en el callejón sin salida del alcohol, en el que, cual Verlaine
ebrio, en la noche alta, fría, abandonas las sórdidas tabernas
en busca de tu amado Rimbaud, que ya nunca volverá,
nunca regresará a tu lado.

Una vez más la soledad ha sido tu fiel amante,
tu única compañía.

SELECCIÓN. 2002.

Esta: “Selección” , que publicó  la Concejalía de Juventud  de el Ayuntamiento de Valdepeñas, en una edición no venal, incluye poemas de toda la obra lírica publicada de Brotóns, cuyo prólogo y recopilación es de Matías Barchino, Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y  profesor titular de literatura española e hispanoamericana, en la Universidad de Castilla-La Mancha, en Ciudad Real,  y uno de los mejores conocedores de la obra “brotonsiana”, que redactó en el prólogo: “…Se habla frecuentemente de su poesía en términos de obscenidad y de impudicia.

El poeta Joaquín Brotóns ha tenido el valor de desnudarse muchas veces en público, de exponerse al escrutinio general y de ponerse enfrente de los valores establecidos como normales y con ello se ha arriesgado a convertirse en un ser marginal. En sus libros se produce un paso definitivo cuando desaparece toda limitación expresiva y se hace más explicito el tipo de amor marginal y prohibido que muchos de sus poemas relatan, el amor homosexual…”

EL VINO DE VALDEPEÑAS EN LAS TABERNAS DE MADRID. 1999 y 2003.

A pesar de que  Joaquín Brotóns es también un extraordinario prosista y periodista, como lo demuestra en sus artículos de opinión, reseñas de libros, críticas de arte y literarias,  entrevistas, reportajes…, éste es el primer libro en prosa que ha escrito, en el que hace un amplio y documentadísimo recorrido por una cincuentena de tabernas históricas y emblemáticas de la Villa y Corte, deteniéndose en las  más antiguas, que todavía permanecen abiertas como: La Bola, Casa Sierra, Casa Labra, El Comunista, Casa Alberto, Carmencita, Casa Ciriaco, entre otras, en las que Brotóns –experto degustador de vinos y nieto, hijo, sobrino y primo de bodegueros- ha libado con los dioses… el néctar de Baco; pero especialmente, en la  mítica “Taberna de Antonio Sánchez”, fundada en 1830 y a la que la bodega familiar del vate : “Matías Brotóns y Hermanos”, abasteció con sus vinos más de 60 años, hasta el cierre, en 1992 de dichas bodegas, que su  familia convirtió en 1967, en sociedad anónima, bajo la razón social de “Bodegas Matías Brotóns, S. A.”

En dicha tasca ilustrada de “Antonio Sánchez”, tenían tertulia semanal con el vino que elaboraba el padre del poeta, personajes como: Gregorio Marañón, Pío Baroja, Julio Camba, José María de Cossío,  Juan Cristobal, Ignacio Zuloaga, Joaquín Sorolla y el  abogado, escritor y periodista del diario “ABC”, Antonio Díaz Cañabate, que, en su libro “Historia de una Taberna”, publicado por Espasa-Calpe, en su colección “Austral”, en la  primera edición de el año 1947, alaba los vinos que hacia el antecesor del poeta Joaquín Brotóns.

En la  ya citada primera edición de el libro-guía: “El vino de Valdepeñas en las tabernas de Madrid,”  que era no venal y con una tirada de 500 ejemplares, numerados del 0 al 499, fue editada por la Asociación Jóvenes Amigos de Vino de Valdepeñas, pero patrocinada por “Bodegas Viña Albali Reservas” y la Concejalía de Cultura de el Ayuntamiento de Valdepeñas, ciudad natal del autor del libro-guía, ya citado, que es el texto, pero ampliado y más documentado de la conferencia: “El vino de Valdepeñas en las tabernas de Madrid”, pronunciada por Joaquín Brotóns Peñasco, el 28 de Agosto de 1999, en la centenaria, histórica y emblemática:”Bodega-Museo”, de Valdepeñas.

En el año 2003, vio la luz, también, en edición no venal,  la segunda edición de dicho libro-guía, que publicó  las valdepeñeras:”Bodegas Arúspide”, en su colección :”Ágora”,en el  nº 1, ediciones  ambas, que hace años están agotadas.

POEMAS DE JOAQUIN BROTONS. 1998.

Este cuaderno dedicado a Joaquín Brotóns, que publicó  el Área de Cultura de la Diputación de Málaga, con motivo de una lectura de poemas que dicho poeta realizó en el Centro Cultural :”Generación del 27″, en Málaga, donde le presentó el prestigioso poeta Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana), contiene 5 poemas de temática homoerótica y lleva un magnífico prólogo de Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica) , buen conocedor de la obra de Brotóns, que escribe en su prefacio: “…La poesía de J. Brotóns procede de la intensidad del vivir, del apetito por las formas y los seres, y se construye para salvar esa vida, y animarnos a vivir más intensamente, después de su lectura. Es una poesía, la de Brotóns, de la pasión y del cuerpo. Nos envuelve, pues, en sensualidad y propende a que la lectura sea un incendio. Su autor necesariamente es un vitalista, y escribe poesía como quien traza una línea de grueso rotulador por debajo de esa misma vida…”
“…Sus poemas, que son pasión y vida, hablan del cuerpo (y de su melancolía) y quieren arrastrarnos a su éxtasis. Poesía, en una palabra, de vividor y para vividores, a la que no molesta, sino afila, su halo de aceptada heterodoxia”.

El muchacho de la camisa rosa-pastel.

A Jesús Martín Rodríguez

Se llamaba Miguel.
Y había nacido en Cádiz,
pero residía en Málaga,
poseía la ternura,
la sensibilidad y la alegría
de los andaluces que nacen
abrazados a la espuma del mar,
aferrados al timón
de un barco cargado de coral,
caracolas y peces multicolores.
Su piel dorada de ángel
tenía el aroma de naranjas y
melocotones maduros,
el perfume embriagador
de limas, papayas, kiwis, mangos,
brevas e higos.
Sus labios rojos, sensuales
eran una mezcla de sabores
melosos, tropicales,
tenían el sabor
de la juventud y de la vida
intensamente vivida.

Amado lucifer.

Para Pepa y J. Javier Pérez Avilés

Ya habían cerrado las puertas del bar. Era casi al alba,
cuando el resplandor de su belleza cegó con su luminosidad la
triste y oscura retina de mis ojos cansados, hastiados de tanta
belleza vulgar, anodina, mediocre.
Llegaste tú, bellísimo Lucifer, hermoso ángel injustamente
arrojado al infierno terrenal, a las tinieblas de los hombres
mortales que visten de gris o negro.
Llegaste tú y tu mirada de Apolo virginal, impoluto, penetró mi
corazón solitario, abandonado, por el que corrían impetuosos
ríos de nieve, hielo y escarcha negra; afluentes infectados por
la soledad. Acaricié tu torso de mármol blanco y tu cintura de
cristal de roca, mientras mi cabeza reposaba segura sobre tu
fuerte y viril hombro de Adán cómplice, que también deseaba la
aventura soñada, anhelada.

No he vuelto a verle, pero un amigo me ha comentado que
su fulgor de efebo se ha marchitado ya, que su piel de nácar y
sus manos de arcángel se han agrietado por el paso del tiempo
y el duro trabajo que realiza actualmente.

Oh, bello Apolo-Lucifer, no eras el amor soñado, pero fuiste
el deseo desbocado, irrefrenable de una noche, el cuerpo en el
que me perdí y en el que volvería a perderme…. mil veces más.
Yo, pagano confeso, hedonista, que escribe estos versos
nostálgicos en la soledad del viejo caserón familiar, que se
desmorona poco a poco, mientras mi cuerpo envejece irreme-
diablemente.

Aquella noche fui feliz. Muchas gracias, amadísimo Lucifer
por regalarme la flor roja de tus muslos de plata y oro, que
perfumada con canela y menta, se deshojó entre mis labios
sangrantes de sed de amor-lujuría. Gracias por permitirme
beber el vino rojo de la pasión de tu juventud dionisíaca.

Los restos del naufragio.

A
I.M.V.

Agotamos una botella de vino de la bodega familiar y charla-
mos largamente, casi hasta el amanecer.
Decía que nuestro amor era una locura, que no podía continuar,
que era imposible.
Y nos despedimos, nos abrazamos emocionados,
nos besamos intensamente, apasionadamente.
Sus lágrimas y sollozos se mezclaron con mi dolor más agudo,
más intenso y desesperado,
con mi angustia apenas contenida.
Sus últimas palabras fueron: ”Por favor, no me odies, no me
guardes rencor, perdóname”.
Y se marchó solo,
cabizbajo,
meditabundo, por la estrecha y vacía calle de la pequeña ciudad
de provincias, en la que las lámparas de las farolas bailaban una
danza de muerte y desolación, un ballet de desamor y fracaso,
una coreografía de máscaras y sombras locas y absurdas,
que ocultaba atléticos bailarines, maquillados con los colores
pálidos y grises de la tristeza y el desengaño amoroso.

Después, pasados unos meses, tras el silencio y el abando-
no, brotó la depresión la angustia, el miedo, el
pánico a encontrarle en la calle o en las viejas tabernas en las
que habíamos bebido el vino dulce, embriagador del amor
maldito, prohibido por la sociedad bienpensante y moralista; el
abismo, el infierno de saber que continuaba allí, en la misma
ciudad, pero lejano, ausente, perdido, oculto en otros brazos,
en otro amor tan distinto, tan diferente al nuestro.

Ahora, transcurridos los años, anestesiadas las heridas,
joven amigo, vuelvo a recordar los días dichosos de nuestro
amor, los días de nuestra pasión, de nuestra locura…
Ahora, cuando escribo estos versos, que quizás tú nunca leas,
sólo quiero decirte con ellos: Gracias. Gracias por tu amistad,
por tu cariño, por tu comprensión, por tu amor. Y que los dioses
te concedan el privilegio de la felicidad. Te lo mereces. Criatu-
ras de tu bondad, de tu ternura y de tu sensibilidad no nacen
todos los días.

A Joaquín Brotóns.

Acepta el fracaso de tu vida,
la soledad a la que estás condenado.
Y en la larga y oscura
noche de insomnio,
cuando la idea del suicidio
tortura tu mente,
decídete,
da el paso final.
Vida sin amor
no es digna de ser vivida.
Y ningún efebo-amante
ceñirá tus sienes
con laurel o pámpanos,
ni depositará rosas blancas
sobre el panteón familiar
que acogerá tu cuerpo inerte, frío,
rígido, sin vida…

ROSAS NEGRAS. 1998.

En este volumen,  publicado por la Asociación Jóvenes Amigos del Vino y  el Ayuntamiento de Valdepeñas, en edición no venal, que consta de 500 ejemplares numerados del 0 al 499, cuyo prólogo es del  famoso escritor Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica),  se recoge una selección de la obra publicada por Joaquín Brotóns, en los libros anteriores y 6 poemas inéditos, cuya selección de poemas y diseño de la edición, hicieron los amigos del poeta: Javier Pérez Avilés -Jefe de los Servicios Culturales del Consistorio valdepeñero- y Manuel López Rodríguez – Concejal de Turismo y Comercio del Ayuntamiento de Valdepeñas-.

Jesús Martín, como edil de Cultura del Consistorio  de Valdepeñas, escribe  un texto introductorio a esta antología de J. Brotóns, en el que redactó: “…Si La Mancha en la poesía es Alcaide, ésta fenece con Poemas para los muertos, premonitorio título, que aunque el autor ignoraba, enterraba un presente que ya era pasado de una historia cansada. A partir de la aparición de este libro, las nuevas generaciones de poetas miran a Valdepeñas como referencia de lo novedoso y a un poeta que entonces no conocen, pero que ha marcado el giro poético de los últimos veinte años. Claro, que no toda la poesía ha sido Joaquín Brotóns, pero de él nace el giro que entierra lo provinciano para conquistar lo mediterráneo…”.

A Oscar Benedí.

Era un hedonista, un vitalista.
Era la vida. Y esa vide plena,
intensamente vivida
lo arrastró en su caudalosa corriente
de aguas turbias,
sucias y deshumanizadas,
en su río de espumas negras,
podridas por el desamor y la soledad.

Oscar, mi cálido amigo.
Otros criticarán tu vida y te crucificarán
una vez más. Yo no lo haré.
Sé que la vida está en los extremos,
en el filo ensangrentado de la navaja de oro
que tiembla en las manos grises de la noche fría,
en la cresta de la ola azul añil
que golpea la roca de zafiro,
el pecho,
el torso pálido y helado de la luna,
en la pendiente oscura
que te empuja hacia el túnel-espejo,
hacia la caída…

Oscar, amigo.
Sé que un coro de apolos
cantan tu clara sonrisa,
tus profundos ojos de romántico rebelde,
de idealista, de héroe.

Sé, querido Oscar,
que no habías nacido para envejecer
en un mundo vulgar y mediocre, ruín.
Tu profecía se ha cumplido.
Un hércules de piedra y acero
sostiene tu rota columna de Oscar Artista.

Amor-pasión.

Su espalda era fría y dura,
impenetrable,
tallada en bronce o piedra,
pero su pecho era cálido,
ardiente,
abrasador
como un mar de lava.
Sobre su suave piel de seda y plumas
dibujé con carmín un corazón,
un corazón herido, lacerado,
sangrante,
un corazón-fuente
del que manaba amor-pasión,
mi corazón.

REENCUENTRO EN EL SUR. 1987.

Este: “Reencuentro en el sur”, en edición de Ángel Caffarena, publicado por :Publicaciones de la Librería Anticuaria El Gualhorce,  en su colección: Cuadernos de Raquel, cuyo colofón es:” La presente edición  consta de 150 ejemplares y ha sido impresa en Sur, hoy Dardo, Alameda,31, de Málaga, terminándose de tirar el día 30 de junio de 1987, al cuidado de Raquel Navamuel Caffarena”.

El epílogo de dicho libro, que va sin firma, pero es su autor el poeta y crítico literario, José de Miguel Rivas,  que escribió: “Joaquín Brotóns, el poeta de la Mancha, cuyo “Reencuentro en el Sur”, acoge esta entrega, lleva en su inquisitiva sensibilidad ante la belleza, todo un ancestro de mediterraneidad. Podía -debía- haber nacido en esas islas del Egeo, ¿Mikonos?, ¿Andros?, y en aquellos siglos de armoniosa cultura dionisíaca.

Desde sus primeros “Poemas para los muertos”, hasta su último libro “La desnudez cómplice de los dioses, su hedonismo se recrea en una resonancia cavafiana de altos registros poéticos”.

 Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y  redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega: “EL Cardo de Bronce”, redactó, en el número monográfico 14,  que dicha revista dedicó al poeta Joaquín Brotóns, la siguiente reseña.”…Reencuentro en sur, cierra este libro, por ahora, el ciclo poético de Brotóns. Es un libro cargado de luminosidad mediterránea, un libro de amor, un canto a la entrega, a la noche, al mar. No olvidemos que los dos símbolos más frecuentes e importantes en la obra de Joaquín Brotóns son la noche y todas su criaturas, como la luna, las estrellas, y el mar, hermosa metáfora de la ansiedad amorosa, de la consumación del gozo, de la plenitud de las espumas. Poemas breves, como últimamente prefiere componer nuestro poeta, en los que vuelve a incidir en su hedonismo helénico, en su mediterraneidad, en su profunda sed de belleza y de entrega visceral”. Este libro tiene la siguiente dedicatoria:”Para Valen”., que era  el joven actor Valentín Hidalgo Rubio, al que el poeta llamaba cariñosamente: “Valen”, que fue el gran amor del vate Joaquín Brotóns.

Reencuentro en el sur I.

Recuerda mi voz
como el eco que se pierde
entre las crestas de las olas.Nadie te amará
como te amó el poeta.J.B.
Para Valen

Sabía que vendrías, amor mío.
Y salí a recibirte
a la antigua estación
de la ciudad costera,
mediterránea.
Descendiste del tren,
adormecido, somnoliento,
pero en tus ojos
había un brillo especial,
la emoción del reencuentro.
Y te cubrí de amor.
Y nos amamos,
como en los dorados días
en que nuestros labios se unían
para morder la fruta
tersa y madura
de nuestro amor,
para beber el vino rojo
del ánfora de nuestra pasión singular.

Reencuentro en el sur II.

Bañé de perfumes y afeites
tu desnudo pecho
con sabor a dátiles y uvas
recién cortadas,
tu torso de oro y esmeraldas,
tu espalda alada
de arcángel-mariposa.
Y te besé
hasta que de tus labios
brotó un caudaloso río
de miel y canela,
hasta que mi boca
se embriagó con el néctar
de tu amor-fiebre.

Reencuentro en el sur III.

Acaricié tus finos
cabellos rubios,
tus bucles dorados
de efebo griego,
tus labios de piel
de manzana verde o sandía.
Y sentí un terrible escalofrío.
Era la voz del desamor,
el oscuro eco que cubre de hielo
mi corazón.
Y temeroso,
retiré mis manos del fuego-sexo,
para hundirlas
en las aguas de un estanque de cristal,
de un túnel-pozo de soledad.

Reencuentro en el sur IV.

Ceñí tu frente
con una corona de laurel,
de rosas, jazmín y alhelíes.
Y el perfume
fue tan fuerte,
tan intenso,
que borracho,
ebrio de amor,
me entregué
a tus deseos de cómplice.

Reencuentro en el sur V.

Llegaste al mar.
Y desnudo, virilmente…
lo penetraste
en la noche estrellada,
de color verde-rosa.
Y gozé y lloré contigo
el placer de aquel instante.

Reencuentro en el sur VI.

Rugía el mar. La luna llena
brillaba como las espuelas de plata
de un caballo negro
que galopase sobre nubes moradas
de fina escarcha.
Nos abrazamos,
casi desnudos
paseamos por la playa
hasta que aparecieron
las primeras barcas de pescadores.
Amor, cálido adolescente
bronceado por la luz del sur,
hijo primogénito del sol.
Hoy, desde mi soledad,
te recuerdo,
evoco con nostalgia
aquellas cálidas noches de estío
compartidas en gozosa camaradería.
Y levanto mi copa
para beber en tus labios salados
de marinero inmortal,
en tus ardientes labios
perfumados de nardos y biznagas.

Reencuentro en el sur VII.

Vamos, amor, amor mío,
dame tu mano, tu corazón,
y ven conmigo al ágape,
al festejo, al banquete.
La vida es tan breve,
tan fugaz y efímera.
Y el amor
tan intenso y poderoso.

LA DESNUDEZ COMPLICE DE LOS DIOSES. 1985.

La Diputación de Ciudad Real, en su  conocida colección: Biblioteca de Autores Manchegos, publicó, en 1985, la antología de Joaquín Brotóns:”La desnudez cómplice de los dioses”, que con selección  de poemas y estudio introductorio de Luis de Cañigral Cortés,  poeta, latinista, helenista, traductor de los poetas griegos: Cavafis, Ritsos, Elytis, Seferis, entre otros. Además de  catedrático y profesor titular de Filología Clásica de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Ciudad Real, escribió en su estudio- prólogo:”…Después de seis libros de poesía editados con precisión de otoños, estamos en situación de hacer balance de la producción de Joaquín Brotóns. Es esta una antología que comprende incluso sus poesías últimas, inéditas aún y que aquí se engarzan con la línea maestra adoptada en las publicaciones postreras. Desde “Poemas para los muertos” de 1977 hasta “Poemas del amor ambiguo de 1984, Brotóns ha recorrido una larga trayectoria de depuración, de descubrimiento, de la contemplación, de deslumbramiento, “embriaguez” por la palabra y posterior elucubración sobre la belleza…”. “…También la temática del rechazo de la sociedad, tan frecuente en Cavafis, sigue apareciendo en estos últimos versos de Brotóns, como reminiscencias de aquella primeras “Máscaras” del desamor, si bien ahora en el “hipócrita  carnaval de las máscaras sociales”.

Y el prestigioso poeta Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana), tras la lectura de dicha antología, escribió: “…Rica,  viva, palpitante, es su poesía de la experiencia: el callejeo nocturno, la esquina cómplice, la cita dudosa entre amor y deseo, nos da un friso anacreóntico de esa Valdepeñas que imaginamos en este Octubre declinante, casi como bacante de morados racimos y pámpanas y labios en ofrenda…”.

También el filólogo, escritor, dramaturgo y crítico literario Pascual Antonio Beñó, que fue entrevistado por el periodista Fernando Ruiz, en su programa, “Una de estas noches”,  el 19 de noviembre de 1985, que realizaban en la desaparecida cadena: “Radio Sol”, se manifestó Beño en éstos términos sobre la poesía de Joaquín Brotóns: ” “Su poesía es una poesía que ha roto moldes con todo lo que se hacía  anteriormente en poesía en la provincia de Ciudad real, que era algo un tanto convencional y conservador. La poesía de Joaquín Brotóns es muy directa, muy valiente, algunas veces excesivamente valiente”. “Su último libro, La desnudez cómplice de los dioses”, me parece extraordinario; yo creo que Joaquín Brotóns ha ido avanzando y superándose  a sí mismo en cada libro, pero me quedo más con los últimos libros, que con los primeros”.

“Como persona. Es muy humano, humanísimo, extraordinario con sus amigos, aunque él muchas veces quiera presentar un aire distante y snob, pero esto es sólo la figura de lejos, la de cerca es una figura muy humana y sincera, tiene una gran carga espiritual, mucha sensibilidad, muy amigo de sus amigos, y muy agradecido”.

 

 

 

 

El amigo.

En una cálida isla,
entre acacias amarillas,
madreselvas,
violetas,
azucenas,
sauces,
amarantos,
palmeras y dunas,
descubrí su viril silueta desnuda,
su perfecta cabeza helénica
adornada de mirto,
laurel y pámpanos de vid.

Era él, el mismo muchacho
que había conocido
el verano anterior
en el “ghetto” de la ciudad costera.

Y recordé con nostalgia
aquellos deliciosos días
de sol y luz
junto al pecho adolescente de la playa.

Un muchacho en la calle.

Le conocía en la
plenitud de su adolescencia.

Era hermoso, sincero,
alegre, dulce, cariñoso.

Y en sus sensuales labios
florecía una sonrisa
clara, pura,
juvenil,
cálida, como una abrasadora
tarde del mes de julio.

Hoy, pasados los años,
le he encontrado
haciendo la carrera
en la esquina de la calle
Almirante.

Muchacho, siempre supe
que ese sería tu final,
pero hoy
he sentido pena
al verte en la calle
y una profunda tristeza
me ha embargado.

Qué cruel y triste destino-suicido
para tanta belleza.

Tú que pretendiste
conquistar el mundo.

Fidelidad a la raíz.

Poco a poco
te has ido quedando solo,
anclado
en el puerto de tu ciudad –destino,
aislado
en tu mediterráneo de viñas,
como un náufrago
que es empujado por la marea
a una desconocida y bella isla,
solitaria,
poblada de sombras…
O como un viejo marino
que espera volver a navegar,
surcar encrespadas olas
de agua-vidrio
transparente e incoloro,
penetrar mar adentro
hasta encontrar la oculta
y perdida ruta de los caballitos
y estrellas marinas.

Ya se han marchado
la mayoría de tus amigos
más queridos.

Y tú permaneces fiel a la raíz-tierra,
mordiendo
los ambiguos pezones
de naranja-cacao-ciruela-azúcar
del amor-desamor,
adormecido sobre las espaldas
de mármol blanco de un adonis pagano,
de un adolescente inexistente.