AMOR, DESEO Y DESENCANTO. 1979

” Amor, deseo y desencanto”, publicado por Carlos Carballo, editor, en Ediciones: Participación, Madrid, 1979, con ilustración de portada del pintor Oscar Banedí,  libro que  presentó en Madrid, en la Librería Futuro, el escritor Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura), que  dijo: “… Claro que la impudicia de nuestro poeta viene velada por su devoción a la belleza que, si entendida a su aire, con los vaivenes propios de su zarandeando sentir, no deja de servirle de freno, y eso gana su poesía, que incita reiteradamente al amor a los hermosos cuerpos adolescentes, que se alza en plenitud hedonística , pero que, en determinado instante , se detiene a proclamar su condición de hombre con los demás, de poeta entero.

La erótica de Brotóns -y nombro la palabra por primera vez- se arropa en una sencillez, en una expresión directa nunca descarnada, o en un jugoso metamorfismo subyugante…”. Dicho texto, lo publicó ampliado su autor, en la revista “Nueva Estafeta”, Madrid, en el nº 38, Enero de 1982.

También escribió, en la revista literaria  de Ciudad Real:”Manxa”, en el nº 12, febrero  de 1980,  Pascual Antonio Beño Galiana, licenciado en Filología y Letras, en la especialidad de Filología Hispánica, poeta, dramaturgo, narrador, ensayista, periodista y crítico literario, que redactó: “…Salvando las distancias, podría decir de Brotóns lo que Federico García Lorca dijera de la obra de Cernuda, allá por 1936: “Me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra”. Porque el poemario de Brotóns irrumpe con fuerza, abandona campos trillados, lugares comunes, corsés, hasta introducirnos en una poesía personalmente lírica y en algunos aspectos -como debe ser-, comprometida y comprometedora. Todo es pertinente en la lírica de Brotóns y, al mismo tiempo, inserto en la autenticidad. Por eso nos llegan tan claras y conmovedoras sus vibraciones…”

Y Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega” El Cardo de Bronce”, reseñó “Amor, deseo y desencanto”, en el nº 14 de dicha revista, en la que redactó:  “El título de su tercer libro también nos remite a la lírica cernudiana, de la que nuestro autor, creemos, es heredero. Una rica simbología ilumina esta obra, simbología de claros acentos neorrománticos; la luna y el amor, una vez más son símbolos de abismo insalvable entre el deseo y la realidad, el desencanto. Antójasenos  este libro como un himno al olvido, a la soledad del que mucho amó, a la entrega emocionada. También aparece aquí, como en sus entregas anteriores, su particular bestiario, reflejo siempre de una sociedad hipócrita, superficial, (“La gloria del poeta”, de L. Cernuda).”

Asimismo, Francisco Mena Cantero,  licenciado en Filología y Letras, poeta, narrador, ensayista y colaborador asiduo del diario:”ABC”, en su edición de Sevilla. También es colaborador y exigente crítico literario del diario de Ciudad Real: Lanza, en el que escribió, en la edición del 24/11/79, la siguiente reseña al libro: “Amor, deseo y desencanto”, de Joaquín Brotóns. “…Va en busca de la almendra conceptual. El contenido le arrastra apresuradamente por el sendero del verso y, éso sí, dice lo que quiere claramente, sin embajes, sin trabas y ésto, ciertamente, es una virtud que destacamos en el poeta.

Este volumen es, pues un libro interesante, de voz recia y existencial. Tercero dentro de la obra de Brotóns, que mantiene una notable altura lírica entre los poetas de su generación”.

Igualmente, Luis de Cañigral Cortés, Catedrático y profesor titular de Filología Clásica de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Ciudad Real. Además es poeta latinista, helenista y traductor, que ha traducido al Castellano (y a veces al  Latín ) a los poetas: Cavafis,  Ritsos, Elytis, Seferis, entre otros, escribió, en su estudio sobre “Amor, deseo y desencanto”, publicado en el nº 2 de la “Revista de Estudios de La Mancha: Almud”, Ciudad Real, 1980, la siguiente reseña: “…La inquisición en el tema de sus vivencias -sus poemas son, pienso, retazos de la vida, en sus poemas-amores deja jirones de su corazón y destila versos de amargura -da como resultado los poemas que nos poetizan la vida. No es Brotóns cantor teótico, paradigmático de sentimientos. Es poeta de vida vivida…”

La crítica literaria María Dolores Escudero, en el nº 0 la revista “Onzevaras”, de Madrid, 1986, reseñó: “Amor, deseo  y desencanto”, en la que redactó: “…Me parece Brotóns un hombre  ante todo sensible; quiero decir  que me parece una de esas personas, para las cuales nada de lo que sucede a su alrededor pasa inadvertido. Y así debe ser en poesía.
Sus versos son fáciles, y parece claro que quiere mostrarse tal como es, sin más metáforas ni simbolismos. Nada que encubrir, y casi , nada que adornar…”

Poema abstracto del pasado…
sin rostro.

Permanecimos abrazados en el lecho,
envueltos en el manto verde de una bella noche de verano.

Nos amamos emocionadamente…,
placenteramente gozamos el amor de nuestros cuerpos puros,
juveniles.
Sus ojos brillaban en la claridad de la noche.
Aún recuerdo el olor penetrante de su cuerpo desnudo,
de su piel rosada…,
el calor de sus labios sobre mi boca.

La playa solitaria, abandonada.

La playa solitaria,
abandonada por las lenguas finas y doradas de las olas.

Tú y yo, solos en la noche,
solos en la penumbra del amor,
en la oscuridad tenebrosa del deseo,
abrazados a un cuerpo mineral y transparente,
acariciándonos sobre el dulce lecho de la arena caliente,
resguardándonos,
ocultándonos…,
escondiento nuestras bocas deseosas a los labios
acechantes -ojos de la luna-
y a la blanca y reluciente dentadura de la noche.

Tú y yo, contemplando el mar y su grandiosidad
de misterioso poder,
admirando su fogosidad amorosa de joven adolescente,
de caballo desbocado y salvaje.

Tú y yo, amantes del deseo más gozoso,
amantes de las estrellas del Universo,
de la pálida luna de cuerpo triste y miembros de sombra y frío.

Tú y yo, solos…,
solos en la vida,
en la muerte, en la eternidad…,
levantando sobra la raza humana,
sobre los cimientos del amor,
estatuas de sal, plomo y fuego incasdencente,

Clavando en la cima de la roca,
en la blanca montaña del amor…
la bandera de la libertad.

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LAS MASCARAS DEL DESAMOR. 1978

“Las máscaras del desamor”, libro que editó: Casa Campos, Valdepeñas, 1978, cuyos dibujos, que ilustran el poemario son del pintor Vicente Nello, y el texto de las solapas-aunque no tiene firma- es del  excelente escritor valenciano Raúl Carbonell Sala, que por aquellos años vivía en Valdepeñas. El autor de el  prólogo de dicho libro, es el gran poeta gallego, Celso Emilio Ferreiro, que, en su introducción, titulada: “Unas pocas palabras previas”, escribió: “…Joaquín Brotóns Peñasco, joven poeta que, pese a su juventud, supo aprender o mejor, aprehender, asiéndolo por las partes más humanas, es decir, menos puras, el impúdico secreto del amor que todos llevamos dentro en el laberinto de la sangre, pero que solamente unos pocos han sabido descifrar…al llegar a viejos. Porque Brotóns sabe, sin que lo hubiera estudiado en los libros, que, por encima de todo, la poesía es una manera de compadecer (padecer con los demás, y con uno mismo, los designios del hombre como tal hombre y no del hombre como tal yo). Brotóns ha inventado (que es tanto como decir que ha descubierto en su propia carne), el misterio de la carne hecha verbo, y no al revés, como los poetas puros y teologales prefieren. Y con su carne transubstanciada en verbo fustiga el tiempo, el suyo y el de los otros, en un intento de cambiar la realidad  de todos, para que la realidad , para que la realidad no sea una injuria premeditada. Y al decir realidad, que conste, le pongo unas comillas mentales a la palabra, para que -como pedía Nobokoy- quería decir algo. Como yo no soy un poeta”poetimensor”, no voy a medir aquí -Dios me libre de tamaña erudición – la estatura lírica de Brotóns. Entiendo que ya está más que medida en las hermosas páginas de su libro y que, en definitiva, es el lector quien debe mensurarla según su leal saber y entender. Para terminar quisiera decir que, en efecto, el hombre no es nada comparado con el infinito; pero ha sabido descubrir el infinito. Así los poetas auténticos-Joaquín Brotóns entre ellos- quizás sean muy poco al lado de la grandiosidad poética, pero han sabido descubrirla  y contarnos su extraordinaria aventura”.

El ilustre Francisco Nieva, dramaturgo, escenógrafo, director de escena, narrador, ensayista y dibujante (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Académico de la “Real Academia Española”), que presentó en Madrid, en la Casa de La Mancha, el 16-2-79, dicho libro, dijo: “…Joaquín Brotóns, el autor de las Máscaras del desamor,  es un poeta audaz y comprometido con sus propias ideas, el cual, se ha despegado del tradicionalismo poético, para alumbrar nuevas parcelas de la creatividad lírica. Joaquín Brotóns es uno de los valores más interesantes de la joven literatura manchega actual…”

También  la crítica, Concha García Valbuena, en el nº 7 (julio) de la revista literaria:”Colección de autores Nuevos”, de Madrid, 1977, redactó: “…Edición muy cuidada con ilustraciones de V. Nello. Este segundo libro editado de Joaquín Brotóns que va prologado por Celso Emilio Ferreiro, es una perspectiva de los sentimientos amorosos pasados por la tinta de este joven castellano. Por la tinta, con suavidad.

Leemos amor desamor, que si implican tristeza, nostalgia y sueño, aquí aparecen con dinámica de una idea central que es la sensualidad envolviendo cada imagen; y es que aquí, la palabra además de ser sueño, es también, carne…”

Asimismo, el profesor universitario Luis de Cañigral, en la presentación del libro en la Casa de Cultura de Valdepeñas, dijo: “…La poesía de Brotóns es espontánea, nada decadente, vigorosa, más que voz es grito. Expresa, en una palabra un sentimiento, más que un lirismo dulzón.

Dentro de la unidad temática: amor, desamor, muerte, cuyo canto, ha hecho en sus dos primeras obras, Brotóns busca la rotundidad, con cierta reminiscencia de Cernuda, pero con una personalidad, característica que, indudablemente le categoriza como uno de los poetas jóvenes, libre de toda atadura, más completo…”

(Diario de Ciudad Real, “Lanza”, 20/1/1979).

Y Manuel  Moreno Díaz, licenciado en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega “El Cardo de Bronce”, en el nº 14  de dicha revista, número monográfico dedicado al poeta Joaquín Brotóns, escribió la siguiente reseña: “En esta, su segunda entrega, Joaquín Brotóns profundiza en sus propios recuerdos, en los estratos de su sangre, en el hermoso, pero oscuro reino del amor. Es una continuación conceptual y lírica de su primera obra, es un sumergirse en los abismos del deseo, condenado a la nada. El amor es un amanecer a la desnudez, a la soledad. En este libro abunda ya lo que podríamos llamar su metapoesía, su plena conciencia creativa y dolorosa, tal vez sus versos más rotundos”.

Francisco Nieva, dramaturgo, escritor y catedrático en la Real Escuela de Arte Dramático y Danza de Madrid, en carta manuscrita- fechada el 5-12-1978- a Joaquín Brotóns, redactó: ” Recibe mi más cordial felicitación por tu libro: “Las máscaras del desamor” y también mis mejores deseos para estas navidades. Nos veremos en enero, como convenido, Abrazos de Francisco Nieva”.

Francisco García Pavón (Premio Nadal), reputado novelista, en carta manuscrita -fechada el 13-XI-1978- escribió a Joaquín Brotóns: “Muchísimas gracias por “Las máscaras del Desamor”, que he leído de un tirón y con el gozo de ver que en La Mancha tenemos otro gran poeta. Mis más sincera felicitación…”

Himno a la melancolía.

A Raúl Carbonell

Poeta, levanta tus brazos suplicantes,
tus manos sagradas, tu cara triste
de viejo muñeco de trapo que llora arrinconado en el desván,
en la sucia galería de la casa donde amorosamente duermen los juguetes,
los amarillentos retratos de la infancia,
en el baúl cubierto por la alfombra de polvo, donde escondes tímidamente el caballo de cartón,
la espada de madera rota por el tiempo,
donde el lacre del recuerdo precinta tus primeros poemas.

Poeta, levanta tus ojos y mira al cielo destrozado,
mira el sol, las estrellas, las noches de luna llena,
mira la nube negra, oscura, amenazadora, llena de malos presagios que
se descuelga como el péndulo de un viejo reloj de pared sobre la tierra;
mira el hombre,
fija tu mirada profunda en él,
en tu hermano,
en el compañero que a diario es despedazado por los chacales…;
mira el niño, el afebo alimentándose de los despojos de la humanidad,
de la fruta podrida que da su propia sangre,
de la manzana carcomida por el gusano.

Poeta, baja de tu pedestal de dios, de tu púlpito, de tu escaparate;
no sirvas más de maniquí, de fría figura de mármol y piedra mitológica:
abandona la gloria del verso, la espada sin filo, lo rosa sin aroma, la flor
de lis, el canto en solitario que a nadie llega.
Deja todo ese montón de cosas frías y ven a vivir con el hombre,
a formar una gran familia de gargantas
a entonar abrazos un victorioso himno a la melancolía,
a la propia tristeza de la vida que suda leche amarga y agria.

Poeta, apresa la paloma en pleno vuelo,
la palabra en su nido de seda,
la pureza en su plenitud,
el laurel en su árbol,
el amor.
Apresa el amor que mece tiernamente, dulcemente, nuestro idilio de aves libres,
que no se escape, poeta, entre tus dedos delicados el amor,
que no sea pasto de los descorazonados;
apresa todo lo hermoso y floreciente, lo auténtico
lo que nace y muere junto a los pies de
cada hombre.

Poeta, baja de las tinieblas grises que separan tu estancia, y cruza el
foso de caimanes que maltratan y atemorizan a tu hermano;
abandona tu carroza de flores serpenteantes,
tus bellos y ligeros corceles voladores,
tus viriles potros pura sangre…,
abandona todo lo que te une a la sociedad máscara, lo que te ata a la cadena,
el eslabón que cierra el collar,
el cerrojo que chilla detrás de la prisión oscura y negra y ven a vivir
con el hombre,
a cantar a la libertad del hombre.
Tienes que poner tu honrada voz a hervir en el caldero de la justicia;
tu desmesurado corazón,
tu alma de gigante, de monstruo amoroso, tienes que ponerlo al servicio de tu hermano el hombre,
ofrecérselo en el altar de los sacrificios,
en el gran coro de voces sordas, de voces que nadie escucha, nadie.
Nadie escucha la voz del poeta puro que se filtra entre las ventanas,
por los cristales rotos del infierno,
por las calumniadas puertas de la verdad.
Tienes que levantar tus manos, tus brazos, tu cara triste de viejo muñeco de trapo y mirar al cielo destrozado…,
implorar, suplicar, gritar con ese gran coro de ecos suplicantes,
con esta gran familia de gargantas, el himno a la melancolía,
la canción de la tristeza,
el poema rabioso y desesperado,
para que nuestras voces revienten sus oidos sordos e insensibles,
para que nuestros gritos y estruendos golpeen la noche, las montañas, las constelaciones;
para que nuestros aullidos desparramados por el Universo hagan
salar sus tímpanos de bestias;
para que sientan en su propia carne…,
en su propio corazón el dolor y la miseria de su hermano el hombre…

POEMAS PARA LOS MUERTOS. 1977

“Poemas para los muertos,” publicado por: Castellana, Artes Gráficas,  La Solana (Ciudad Real), 1977, cuyos dibujos, que ilustran los poemas y el retrato de contraportada del autor del libro,  son de el pintor Miguel Mejía Ramos, edición que lleva un prólogo del poeta  valdepeñero, Antonio Ruiz López de Lerma, y el texto de las solapas de dicho libro es del escritor valenciano, Raúl Carbonell Sala, que, por aquella época, vivía en Valdepeñas, donde escribió una gran parte de su amplia y excelente obra: Poesía, novela, teatro…; obra, que, con el paso de los años, ha tenido el gran reconocimiento que tanto merecía, dado que, actualmente, es considerado uno de los mejores escritores  vivos valencianos, que con su novela:”El siglo de los artistas”, fue galardonado con el prestigioso “Premio Valencia de Novela”. Además, en su pueblo natal: Cárcer (Valencia), el Ayuntamiento ha tenido el fino y delicado detalle de poner su nombre a la nueva Casa de Cultura.   

De “Poemas para los muertos”, escribió el escritor, poeta, periodista y crítico literario,  José López Martínez, en “La estafeta literaria”, Madrid, en el nº 631, marzo  de 1978,  una reseña crítica, en la que redactaba: “…Poemas para los muertos es un libro árido, esquinado, agrio, no apto para paladares apacibles. Pero libro de soterradas corrientes de agua viva, amorosa, saltarina. Poemario que irrumple con fuerza en medio de la poesía bien construida y amanerada que hoy se está escribiendo en la Mancha, donde todavía los poetas mantienen abscisas muy próximas a lo estereotipado. La Mancha y la vida que siente Joaquín Brotóns Peñasco está preñada del dolor  y la agonía de esta hora, por  su latente desamor, por el desconcierto que a todos nos abruma…”.

También el poeta, narrador, ensayista  y crítico literario,  Nicolás del Hierro, escribió, en el diario de Ciudad Real: Lanza, el 2/5/78 “…Joaquín Brotóns es un poeta de realidades, pero de realidades dolientes. Y las canta, las hace cimiento de su obra, raíz, para elevar sobre el edificio o el árbol de su humana arquitectura, donde, mirando hacia el futuro, puede habitar distintamente  a como lo hace ahora, el hombre y el pájaro. Es decir, le duele la realidad, la realidad pasada y presente, porque descubre en ella un elevadísimo tanto por ciento de desamor -desamor enmascarado, muchas veces-, que muerde la sensibilidad del ente-poeta, y busca la metamorfosis  a través de su poesía…”

Y Manuel Moreno Díaz, licenciado en Filología clásica por la Universidad de Madrid, poeta, crítico literario y redactor jefe de la revista literaria castellano-manchega El Cardo de Bronce, escribió en el nº 14, que dicha revista dedicó  exclusivamente a Joquín Brotóns, la siguiente reseña, en su estudio sobre la poesía del poeta valdepeñero,  titulado: “Siete libros alineados en nuestro vasar, de Joaquín Brotóns”. “…Poemas para los muertos es un oscuro despertar: al amor, al dolor; un diálogo con los muertos, con las sombras, que lentamente fueron habitando el cuerpo de los hombres, con el abismo insondable de su propio corazón, encharcado de silencio. Aparece en su primer libro lo que creo es uno de los ejes fundamentales que vertebra su obra poética, de claras connotaciones cernudianas: el pulso terrible, el forcejeo entre la realidad y el deseo, oscuro y vivificador. “Poemas para los muertos” tal vez sea sólo un grito coagulado en su corazón, pero un grito que estalla y que nos convoca a las raíces.”

EL PRIMER BESO
Aquel primer beso,
que se perdió,
donde nadie sabe…,
que no alcanzó su plenitud de placer…

Aquel primer beso!
Todavía lo recuerdo
lleno de auténtico pánico,
de las ansias más inaguantables.

Aquel beso fue el culpable
de la más absurda mentira…