¿ REGRESAR AL SUR ? 2007.

La colección: “Pliegos del Impresor” ,  en su número 1. Valdepeñas, 2007, publicó , en edición no venal de 250 ejemplares para amigos, éste texto, que Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana) calificó como: “poema joya”, ya que se trata de un extenso poema escrito en prosa poética. Y el filólogo, escritor y crítico literario de el diario “ABC”,  Amador Palacios, escribió, en una reseña que hizo sobre ¿Regresar al sur?, publicada en el diario:  El Día de Ciudad Real, el 3/2/2008:”…Esta prosa sentimental, la poesía aflora con un vaho muy seductor, pues ofrece prietas y encadenadas imágenes encargadas de consolidar el más puro lirismo. Cláusulas que exhiben un verbo preciosista y barroquizante en el que la nostalgia, siendo un vivificador “continuum” en el poema, eleva estéticamente un discurso soberano en que contradicción, paradoja y acatamiento vital dominan. Evocación que fuertemente contrasta con estas pinceladas del autorretrato del poeta de hoy ejecutado con una factura gótica e, insistimos, muy romántica…”.

¿ Regresar al Sur ?

A Pablo García Baena.

Qué sentido tiene volver al sur. Muertos los amigos:
Rafael Pérez Estrada, Vicente Núñez, Rafael Medina…;
regresados a su Córdoba natal Pablo García Baena y José de Miguel,
nada es igual en la “Ciudad del Paraíso”.
Aquellos bares nocturnos de ambiente…,
donde encontrábamos radiantes a los viriles efebos sureños de piel
africana y labios de coral, ya no existen. Cerraron sus puertas:”Arcos”, “La bubú”,
“La rosa negra”, “Potros”…, en los que el alcohol brillaba en los ojos negros de
la pantera hambrienta-el leopardo del deseo-, cuando el ron y el whisky tenían sabor a noche estival y los cuerpos de fuego incandescente cubiertos de escamas azules,
de espuma y salitre, quemaban,
abrasaban el gélido viento escarchado que marchita las biznagas,
que brotan en aquella tierra maravillosa en la que el sexo es siempre grato,
natural, espontáneo y gozoso,
sin ridículos prejuicios ni tabús de caducos burgueses de doble moral.

Qué habrá sido de aquellos hermosos muchachos bisexuales,
que compartían nuestras interminables noches de placer,
junto al pecho azul y arenoso de las playas de un Mediterráneo
que estrellaba sus olas contra los dorados torsos de mármol tallados a gubia y cincel.
Que sería de Rafael, Miguel, Juan y tantos otros andaluces hedonistas
-muchachos venales-,
que endulzaron mis frías noches solitarias
en las que el sexo se convertía en amor,
ya que, nunca he podido desnudarme si no he sentido el rapto, el arrebato de amor…
-aunque sólo fuera unos instantes, unos minutos-,
el temblor de la pasión recorriendo mi cuerpo,
que se estremecía al palpar la piel de terciopelo rojo de un mancebo pleno de vida,
lleno de vitalidad que brotaba de la fuente de su sexo enérgico.

Qué sentido tiene regresar al sur, si ya todo es distinto.
Y, sin embargo,
sigo volviendo cada año fiel a la cita con la belleza efébica,
el contacto carnal que, cual río de lava baja embravecido,
furioso, desbocado, enloquecido,
como una yegua salvaje que relincha a la luz cegadora de la luna llena,
buscando en la oscuridad estrellada la nieve y el perfume a violetas
y azahar del amor que rueda por la montaña escabrosa y recorre impetuoso
el inmenso campo lunar de rocas de nácar y marfil,
el bosque de espaldas de bronce, hierro y acero,
la selva de esculturas de piedra y afiladas navajas de empuñadura de asta de toro,
que se derriten ante la belleza de los dioses del Olimpo terrenal.

Por qué vuelves donde fuiste feliz,
si sabes que has envejecido y tu tiempo pasó,
que sólo quedan rescoldos que carbonizan, hieren mortalmente
y el sol ya no ilumina tu amplia sonrisa de ayer,
en la que se dibujaba los gruesos y sensuales labios de la pasión amorosa.

Por qué regresas, si ya todo es diferente y tu mundo ha muerto,
caducado, olvidado entre las rotas tumbas del desamor, en las que crece la maleza,
desaparecido entre las amarillentas sábanas de encaje que adornan el pasado
esplendoroso, cálido, que trepa por las alas de un gigantesco ángel de bronce cubiertas
de laurel-hiedra y crece junto a las acequias y los estanques rebosantes de agua
perfumada con pétalos de rosas rojas y blancas, que inunda los espejos isabelinos
que decoran tu casa, en la que duermen los polvorientos sillones art- decó
junto al aparador alfonsino y los relojes “Ojo de buey” centenarios,
que franquean las amarillentas fotos color sepia de tus antepasados,
que contemplan los retratos de tus jóvenes amantes,
siempre bellos, narcisos e infieles compañeros,
jóvenes soldados en la batalla…, hermosos,
como buganvillas azules y moradas en flor que recorren el muro impoluto del amor.

Ya nada es igual y las ensordecedoras trompetas de plata repujada tocan retirada.
Vuelve a tu celda de ermitaño, poeta, y añora en soledad los días dorados del amor
juvenil, pleno de luz celeste, que se filtraba por los huecos de la pasión
que viviste intensamente, cuando eras feliz y acariciabas los sensuales labios del placer
oscuro, proscrito por la sociedad bienpensante…,
aquellos labios frescos, húmedos, hoy resecos y fragmentados,
en los que la piel dibuja un extraño mapa de cuevas y cavernas vacías,
abandonadas por el hombre y habitadas por alimañas voladoras.

No vuelvas más al sur, poeta, que tu tiempo feneció. Y las nuevas generaciones,
que ayer buscaban tu compañía, hoy huyen despavoridas ante el viejo escéptico,
solitario y dipsómano que, en soledad, en la alta madrugada, agota la última copa -ya
prohibida por los médicos-, mientras contempla la anhelante belleza que debe dejar
pasar, aunque la desee inmensamente, apasionadamente,
como cuando era más joven y se entregaba en sus brazos de granito rosado,
en las fuertes ramas que brotaban del atlético torso del cuerpo deseado,
cuya delicada y tersa piel de Hermes acaricia las finas y delicadas aristas de un sueño;
el sueño del amor sureño que, tantas veces poseíste entre tus manos,
haciéndolo realidad, besándolo, acariciándolo dulcemente,
mientras la luna llena vigilaba la agitada respiración del viento huracanado,
que esculpía enigmáticas sombras sobre la fina arena la playa
que la marea devolvía al fondo del mar, junto a los galeones y sus tesoros hundidos,
envolviéndolas entres la niebla y el rumor atronador de las gigantescas olas que
arrojaban viejos troncos, algas y raíces contra el malecón del desamor,
el destartalado muelle de madera podrida en el que se estrella el barco de los sueños,
la frágil nave en la que jóvenes y musculosos marineros de torso desnudo beben vino
y vermut en grandes caracolas con olor a mar revuelto, enfurecido…,
que excita sus instintos sexuales, cuando las estrellas son cómplices de los cánticos
con que, ebrios y medio desnudos, saludan al nuevo día que iluminará su vida sureña.

Málaga, 2006-Valdepeñas, 2007.
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Autor: Joaquín Brotons Peñasco

Poeta y narrador Español.

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