JOAQUÍN BROTONS: 25 años de vida-obra (1977-2002) 2002.

Con motivo de sus bodas de plata con la literatura, el Ayuntamiento de la ciudad natal del poeta Joaquín Brotóns,  montó una exposición en Valdepeñas (Castilla-La Mancha), en el Centro Cultural “Cecilio Muñoz Fillol”, titulada “J. Brotóns: 25 años de vida obra (1977-2002), en la que de forma cronológica, el público pudo contemplar poemas inéditos, fotografías, correspondencia, retratos del poeta, ilustraciones, dibujos, collages, manuscritos, primeras ediciones de sus libros, poemarios dedicados por prestigiosos autores, entre otras.

La exposición fue acompañada de un bello catálogo de 110 páginas diseñado por los comisarios de la muestra: José Javier Pérez Avilés y Miguel Carmona, que cuidaron la edición de dicho sumario, en el que se reproducen textos sobre la obra de Brotóns, escritos por prestigiosos poetas y críticos, como: José Hierro (Premio Cervantes), Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias de las Letras y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana) y Luis Antonio de villena (Premio de la Crítica), entre otros. Además de  poemas inéditos o no incluidos en libro de J. Brotóns, y una selección de la correspondencia mantenida con Ángel Crespo, Celso Emilio Ferreiro, Pablo García Baena, Luis García Montero, Francisco García Pavón, Leopoldo de Luis, Rafael Montesinos, Carlos Murciano, Francisco Nieva, Vicente Núñez, Rafael Pérez Estrada y Luis Antonio de Villena, entre otros escritores. Así mismo, se reproducen fotografías de infancia, juventud y madurez de J. Brotóns, cerrando el libro con la cronología y bibliografía del poeta realizada por Matías Barchino -estudioso de la poesía de Brotóns y de otros  muchos autores-, que es Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y profesor titular  de literatura   española e hispanoamericana, en la Universidad de Castilla-La Mancha, en Ciudad Real.

Marinero.

Su torso de bronce, vestido con escamas rojas,
envuelto en algas y sal, acariciado por la espuma y el
salitre del mediterráneo, olía a mar revuelto,
a puerto abandonado hace siglos.
Su cuerpo era una escultura de Apolo
dormida bajo las aguas del océano,
una ola nocturna de fuego y sol,
que se estrelló contra las afiladas rocas,
que encayó en el abrupto acantilado de los deseos.

Días de vino y rosas.

Fueron días de vino y rosas,
días dorados de mosto, íntimos, entrañables,
ebrios de amor-pasión.
Hace años que se marchó a vivir a otra ciudad,
a una gran urbe,
a una metrópoli, en la que pudiera vivir su sexualidad diferente,
sin ser crucificado…
Pero aún hoy, transcurridos tantos años,
recuerdo con nostalgia el sabor a cerezas tersas de sus
labios húmedos, carnosos, sensuales, jóvenes y llenos de vida.

Despedida.

Me arrojaste de tu reino celestial,
de tu paraíso mágico.
Y me quedé terriblemente solo,
vacío,
abandonado,
sin rumbo, perdido,
vagando de tasca en tasca,
buscando en el vino tu compañía.
Me sentí tan solo, tan desgraciado,
que hasta mis fieles perros huían mi sombra.

Sin título.

Sentí un puñal de fuego y lava,
una daga de oro y marfil empapada en vinagre y sal,
que lentamente penetraba mi corazón sangrante.
Y vi claramente en el espejo, en el que tantas veces nos
contemplamos desnudos, frente a frente, que eras tú, que
en la distancia…, pronunciabas mi nombre.

El amor que ya se atreve a decir su nombre.

No era ya el alegre y hermoso mancebo de rasgos árabes y
negros cabellos ensortijados por la luna roja y verde de los
gitanos, que había conocido años atrás, en una noche desenfrenada
de alcohol. Había cumplido veinte años,
pero aún seguía siendo tímido, indeciso, temeroso
de gozar el espléndido amor celeste de los dioses griegos, que
ya se atreve a decir su nombre y no se oculta tras sucias y
enmohecidas máscaras de camuflaje en el carnaval social;
el amor marcado a fuego con el triángulo rosa
de los ángeles y los arcángeles con sólidos y atléticos torsos
tallados en pulida madera de roble americano,
que visten ajustados pantalones vaqueros y ceñidas camisetas
de algodón húmedo, empapado en champán, en vino tinto…,
y con su cálida sonrisa cómplice abren las prohibidas
puertas de la felicidad y el placer absoluto
y emparedan entre grandes bloques de cemento armado
y afilados estiletes de cristal el vacío inmenso,
la terrible soledad a la que estamos abocados todos los
seres diferentes, especiales, los raros,
los extremadamente sensibles, los acuchillados mortalmente
en el corazón por la penetrante daga emponzoñada del desamor
y la marginación; los inadaptados… a la sociedad-antifaz
que no aceptamos el mundo real y soñamos con una sociedad nueva,
más justa, solidaria, abierta y tolerante con todos los seres
humanos que poblamos los oscuros rincones de la tierra.

Una noche de crudo y negro invierno,
cuando el silencio tenebroso y amortajado de la depresión
y la ansiedad hacían estallar mis tímpanos con su estruendo de
ciclón, con sus enloquecidos y ensordecedores gritos, lamentos y
gemidos de pavor, se decidió y llamó a la puerta de la abandonada y
vieja morada familiar en la que resido, en mi amada ciudad-isla,
acompañado únicamente por los fríos, gélidos cadáveres del recuerdo
y las sombras fantasmales, cubiertas con paños morados de luto
del pasado esplendoroso y feliz…,
que con sus aullidos de lobo en celo, en noche de luna llena,
atormentan, torturan mi mente, en la tiniebla de la soledad más
feroz y cainita.

Nunca olvidaré aquella noche, aquel amanecer lleno de luz, en el
que fui inmensamente feliz y reencontré el amor, el amor que se
agiganta entre las crestas de las olas y ya se atreve a decir su
nombre, a pronunciarlo con mayúsculas: AMOR, AMOR, AMOR.
Nunca olvidaré el cálido temblor de su cuerpo desnudo
junto al mío; el exquisito y embriagador perfume de su áurea piel
de hilo de Holanda con aroma a membrillos tersos,
recién cortados del árbol mitológico de la vida;
la ternura de sus caricias sensuales; la pasión desbordada
e incontenible de sus besos de fuego, que buscaban desesperadamente
mi boca; la amistad y entrega fraternal del joven
camarada con el que compartir la vida-sueño…; el sueño
imposible del alto amor, del gran amor estigmatizado, que ya
se atreve a decir su nombre en voz alta y no se esconde en
las tinieblas, en las cloacas asfixiantes de la mentira y la
hipocresía.

Para Tomás Casero Becerra.

Cuando en alguno de los bares nocturnos
a los que sueles ir, un cuerpo joven, adolescente,
se insinúe cálido, ardiente, prometedor…,
cuando te ofrezca su tentadora belleza
de arcángel-apolo coronado de laurel,
de efebo asaeteado en su desnudez cómplice,
no renuncies nunca, amigo mío,
pero no mendigues el amor,
no aceptes dávidas
ni limosnas de amor,
del amor que tú le regalas
tan generosamente.

A Pablo García Baena.

Aquella noche, un viento huracanado
batía las olas contra la playa.
Nos refugiamos en un restaurante
del paseo marítimo.
Allí, junto al amado mar,
degustamos unas copas de vino blanco.
Y me hablaste de Córdoba, de la ciudad
sensual y vitalista de tus años moceriles,
de la Córdoba de “Cántico”.
Después, nos marchamos a un bar nocturno.
Tú te quedaste en la barra,
charlando con un amigo.
Yo me perdí entre los labios de un dios
oscuro. Y fui dichoso…
Eran los últimos días de verano.
Y el invierno amenazaba con su rostro
frío de tristeza y melancolía.

Para Valentín.

A veces, cuando la soledad
me atormenta y estoy triste,
deprimido,
angustiado,
cuando me siento terriblemente solo,
exiliado…,
me pregunto,
qué hacemos tú y yo
tan lejos el uno del otro.
Y qué me retiene aquí, en mi ciudad-isla.
Pero siempre me salva
la esperanza en el futuro,
los maravillosos recuerdos: Tu cálida sonrisa
en las noches en que sales a esperarme
o nos citamos en la vieja taberna.
Y allí, en uno de esos rincones
íntimos, queridos, familiares,
sobre un roto velador de mármol amarillento
compartimos en franca camaradería
una frasca del vino de nuestra tierra.
Y después, al alba,
cuando la ciudad comienza a despertarse,
nos vamos a la cama juntos
y hacemos el amor felices, gozosos,
hasta que el caliente sol del mediodía
penetra por la ventana
y nos sorprende desnudos, sudorosos,
abrazados,
aferrados a un raro y bello amor.

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Autor: Joaquín Brotons Peñasco

Poeta y narrador Español.

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